AVISO

Voy a hacer cambios en el blog así que es muy probable que haya enlaces rotos y etiquetas perdidas. Hasta que acabe, moverse por aquí será complicado. Siento las molestias.


jueves, 30 de octubre de 2014

El origen del eclipse

¡Hola! No suelo escribir este tipo de cosas, pero sí que las pienso, y hoy en clase de 
literatura me he dicho, ¿por qué no? Sea cual sea tu opinión sobre el texto, me gustaría saberla, 
así que no dudes en comentar.
Espero que disfrutes leyendo, un abrazo ^.^
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Hijo de la luna, de cabellos de plata, piel blanca y ojos oscuros como la noche. 
Hija del sol, de melena de fuego, piel parda y ojos claros como el día.

Los dos nacieron el mismo día, Deia primero y Naito después. Ella con los últimos haces de sol y él con las primeras gotas de luna. 

Fue la primera vez que se vieron, la primera vez que hablaron y la primera vez que se admiraron. Se enamoraron. Quisieron cogerse las manos, pero el leve contacto les ardía en la piel, así que sus padres los separaron.

Ella sonreía al sentir el aire fresco de la madrugada y él al acariciar el agua y notarla caliente, pero llegó un momento en que eso no fue suficiente y su alma se debilitó.


jueves, 16 de octubre de 2014

Luz


¡Buenas! Aquí un relato corto muy corto. No me gusta darle mil vueltas a lo mismo, prefiero ser directa al escribir, así que con estas líneas es suficiente.
Espero que os guste ^_^
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Corres en la oscuridad, tratando de alcanzar esa luz. 

Ese brillo, su calor, su color; todo es para ti. El camino está lleno de piedras y tropiezas con ellas, pero esa luz brilla demasiado, no puedes renunciar a ella; seguro que cuando llegues todo el dolor y las llagas en tus pies desaparecerán. Caes y ves que se aleja, pero no has terminado, todavía te quedan fuerzas, y te levantas y sigues avanzando. El pecho te arde, las lágrimas humedecen tus labios, te tiemblan las rodillas y los pies gritan que te detengas. 

No haces caso, todo este sufrimiento es soportable, porque esa luz te hará sanar, te hará sonreír. No cuentas las veces que caes, qué mas da, sólo te levantas y sigues la carrera; no te detienes. La luz está ahí delante, poniéndote a prueba, deseando que vayas a su encuentro. 
Detenerse ahora implicaría ver tus sueños haciéndose pedazos. Si renuncias no podrás seguir viviendo con el remordimiento de haber abandonado, y por eso sigues adelante, corriendo en la oscuridad, tropezando con las piedras, tratando de alcanzar esa luz. 

Teresa

domingo, 12 de octubre de 2014

La campanilla de viento

¡Hola! Sé que el relato anterior era todo acción, y como he decidido publicar cosas de todos los géneros, aquí tenéis algo más relajado. Espero que os guste este relato, no me resulta demasiado fácil escribir este tipo de cosas. 
Un beso y disfrutad de la lectura
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Una suave brisa entra por la ventana y el tintineo de la campanilla de viento me despierta. Sonrío.

Unos días antes…

Laia me había invitado a pasar un fin de semana en casa de sus abuelos, junto al lago Weiton, para ir juntas al festival de verano y, después de una semana de trabajo duro para convencer a mis padres de que me dejaran ir, pude llamarla y aceptar su propuesta. Cinco días después estaba en la estación con Laia y las maletas para ir en tren hasta Cominville; allí nos recogería su abuelo.

Estuvimos hablando mucho rato, pero a mitad del camino nos quedamos dormidas. Cuando me desperté Laia no estaba a mi lado, sólo nuestras dos maletas reservando el sitio. Miré extrañada a ambos lados del vagón pero, como no la vi, decidí ir a buscarla. Crucé tres vagones sin ver rastro de ella y al cuarto entré tan rápido que choque con la persona que estaba de pie al otro lado. Del susto di un paso atrás y tropecé. Me hubiera caído si él no me hubiera sujetado. Si… él. Era alto, de pelo castaño y ojos oscuros. Su ropa tenía pinta de ser cara, así que debía ser algún niño rico. Bueno, de niño nada, porque era más alto que yo.