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Estoy haciendo cambios en el blog así que es muy probable que haya enlaces rotos y etiquetas perdidas. Hasta que acabe, moverse por aquí será complicado. Intentaré no tardar demasiado, siento las molestias.
-Agosto '17

viernes, 12 de diciembre de 2014

El precio del tiempo

Si hay algo que me entristece, es ver personas que son incapaces de encontrar un lado oculto a las cosas; ya sea romántico, misterioso, terrorífico o fantasioso.
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EL PRECIO DEL TIEMPO


      Y aunque estaba seguro de lo que había visto, sabía que no le creerían; y mucho menos su padre, quien se enorgullecía cada día de ser un hombre con los pies sobre la tierra y la cabeza bien puesta entre los hombros. Muchas veces fueron las que se preguntó Aarón si es que él tenía algún problema al andar o en las cervicales, y otras tantas las que preguntaba a su padre si debería ir al médico por miedo a estar enfermo; pero él sólo le respondía con una carcajada sonora y unas palmadas en el hombro. <<Tal vez sea un tipo de remedio casero>>, pensaba el niño, quien se sentía más cuerdo cada vez que pasaba esto.


De todas maneras, cualquier cura o remedio que su padre camuflara entre gestos ordinarios no valían nada cuando pasaba cierto tiempo, porque Aarón no dejaba de ver esas cosas que para los demás eran invisibles. Había días que pasaba preocupado por sus comienzos de locura, y otros se daba por vencido y salía al jardín a jugar con los Chompins; o así llamaba él a esos seres pequeñajos y regordetes como una pelota de tenis y de quince centímetros de altura. No hablaban, sólo hacían ruidos muy parecidos a los que hace un patito de goma. A veces daban agudos chillidos, pero sólo Aarón los oía. Había decenas de Chompins, y vivían en madrigueras entre los arbustos. Como todos eran iguales, cada día los nombraba de diferente manera. Sólo uno se distinguía, el que llevaba un chaleco rojo en lugar de marrón. También era un poco más alto que los demás, así que supuso que sería su jefe. Pero no le puso un nombre especial, simplemente le llamó así, Jefe.

Algunas noches le daba por filosofar y empezaba a pensar en su madre. Ella siempre decía que entre nosotros viven seres invisibles, y que sólo pueden verlos los que creen en su existencia con firmeza. Cuando recordaba esto, Aarón se sentía mejor y deseaba descubrir todos los seres que se escondían, pero a la mañana siguiente se despertaba y recordaba que no podía dejarse llevar por la locura y que, como su padre le decía, la madurez le sanaría la mente.


Y al final, llegó un día en el que no volvió a ver a los Chompins ni a ningún otro ser; porque había madurado, porque ya no creía.

Teresa

23 comentarios:

  1. Linda historia que demuestra que llegar a adulto significa renunciar a muchas cosas. Uno debería tener la capacidad de poder ver y creer siempre en un Chompi.
    Saludos.

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    1. Es triste, pero cierto. Gracias por leer Raúl, un beso!

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  2. Hola!! Te eh nominado a los Premios dardos :D Pásate por mi blog para que lo recojas :D Felicidades !!!
    http://thebooksandmylife.blogspot.com/2014/12/premios-dardos.html

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  3. Triste, pero cierto. No me pasa a menudo pero a veces incluso yo me descubro a mi misma creyendo que soñar es una tontería... Pero en fin, eso es lo que nos hace la sociedad -.-´´

    Suerte que mi parte realista y mi parte soñadora se compensan, de momento, bastante bien y sigo siendo capaz de ver la cara invisible del mundo :)

    Me ha gustado mucho este pequeño relato.

    ¡Un beso!

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    1. Gracias Alba, yo también espero seguir "equilibrada" siempre jajaja Un beso!!

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  4. ¡Hola! Me ha gustado mucho, porque es terriblemente triste y terriblemente certero. Crecemos y dejamos atrás lo mejor de la vida, siempre queriendo ser adultos sin darnos cuenta de la cantidad de pequeñas cosas a las que debemos renunciar.
    ^ ^
    Un besito :*

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    1. A mí me entristece ver a los niños que gritan que quieren ser mayores de una vez. ¡Con lo bien que se está con ocho años! XD Un beso!!

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  5. Yo no quiero nunca de dejar de ver Chompins... lo siento, ¡¡¡ me niego¡¡¡ genial relato, ¡¡felicidades¡¡ besazo¡¡

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    1. yo te apoyo!!! Yo también me niego a dejar de verlos!! =D Muchas gracias, Francis ^^ Un beso

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  6. Hermoso relato, de verdad muy lindo.

    Saludos. :)

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  7. Mirar mi blog. Estoy escribiendo una historia. Espero que les guste;) comenten y unanse:
    http://viilibros.blogspot.com.es/

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  8. Me pasa como a Francis, no quiero dejar de tener una parte que siga siendo una niña. Muy bonito relato.

    Saludos

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    1. Cierto, hay que mantenerla jaja. Un beso!!

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  9. Una entrada muy bonita. Me quedo por aquí, un beso...

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  10. Yo estoy en contra de dejar de creer o simplemente "madurar" por que otra gente piensa que eres todo lo contrario a maduro. Hay personas que pueden ser muuuuy maduras pero tienen una chispa de su infancia que lo hacen divertido y no amargado*-* [no digo que todos sean amargados] solo doy mi punto de vista.

    ¡Te he nominado a un premio en mi blog! Puedes ver la entrada aquí: http://addcoffeetomylife.blogspot.mx/2014/12/premios-y-mas-premios.html
    ¡Besitos!

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    1. Entiendo lo que dices ^^ Y gracias por el premio!! Un beso

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  11. Tan cierto que te da tristeza y a la vez te parece hermoso *-*
    si madurar significa olvidar la magia que esta presente en todo, prefiero no madurar
    Un beso!

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  12. Muy cierto y muy triste a la vez, es una pena porque si lo piensas todos los niños quieren madurar enseguida sin saber lo que esto conlleva....
    Mil besos

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  13. Ains, qué triste... Pero supongo que esto es madurar en nuestro mundo: dejar de creer.

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